Serán 10 días poco más o menos los que estaremos literalmente enclaustrados, huyendo del virus de la influenza porcina.
Yo lo que quiero es huir de la psicosis que ha surgido por todos lados.
Se cancelan hasta fiestas de 15 años y a menos que la quinceañera no se pueda maquillar de tanto moco, no me queda claro la decisión.
Hay rumores, desde que el virus permanece horas en el aire, una especie de H-24 contra las cucarachas, que si la gente está muriendo por decenas pero nadie lo reconoce (¿y dónde están), que si mejor salimos a arrimarnos a algún pariente mínimo a Cuernavaca, que si es peligroso comer jamón…. ¡válgame!
Debo insistir: procuremos mantener la calma y la mente fría. Actuar por pánico no lleva a nada bueno
ESCUCHAR
¿Por qué no ejercemos el noble arte de escuchar? Todo se exagera y nada tiene que ver con lo que las autoridades, sorprendentemente claro, han dicho.
Las instrucciones son: no lugares concurridos, no saludar de mano o beso, taparse la boca con el antebrazo al estornudar, lavarse las manos con mucho más frecuencia, lavar bien y no compartir cubiertos, vasos y platos.
Hoy, sin nada mejor qué hacer, me postré en la ventana de casa para ver pasar gente.
Venía una pareja con tapabojas, esos pedazos de tela de cocina que suponen los protejerá de algo, pero agarrados de la mano
El vendedor de periódicos traía también tapabocas pero la nariz libre.
Una mujer caminaba con un suéter gruesísimo tapándola.
Una familia en un auto: una señora mayor, la abuelita, el padre y dos hijos. Sólo los hijos con tapabocas ¿pues qué no el grupo de riesgo ahorita son adultos jóvenes?
Un señor vendía tapabocas, de a 5 pesos, y como quien vende tarjetas telefónicas, los ondeaba al aire… Ja, más bien plumeros, no?
ESO SÍ DUELE
Pero lo más triste de todo: la prohibición de saludar de beso.
Imagínese, si eso es peligroso, que será de un apasionado beso cruzado en el cine o esos besos compartidos donde uno se pasa el chicle….
Me imagino que las autoridades de Salud no han considerado el grado de stress que generará no poder besar a la gente. Si el mejor pretexto para un beso siempre ha sido acompañarlo de un distraído “hola”.
Bueno, me imagino que algún sacrificio habría qué hacer