Bosque urbano

¿La ciudad que no transa no avanza?

26/03/2009

— 6:19 pm

Ayer, el Jefe de Gobierno Marcelo Ebrard anunció su nueva gran idea para promover el desarrollo económico del Distrito Federal: no se realizarán verificaciones administrativas a los establecimientos mercantiles en lo que queda del año.

Apenas en marzo había anunciado la creación del Instituto Ciudadano de Verificación. Sin embargo, un mes después todas las demandas que respaldaban dicha propuesta se enviaron al cajón. ¿Ahora estarán indefensos quienes tienen un antro ilegal operando a un lado de su casa? ¿Contendrán la respiración hasta 2010 los no fumadores cuando se deje de aplicar la ley que los protege? Recordemos que a tragedia del News Divine pudo haberse evitado con verificaciones oportunas.

Una desregulación seria y responsable es necesaria y traería muchos beneficios económicos a corto y largo plazo. Sin embargo, lo que Ebrard anunció sencillamente es la suspensión del Estado de Derecho en materia de giros mercantiles, que atenta contra la seguridad y los derechos de todos los ciudadanos. ¿Para qué sirven las leyes si un día alguien decide que son un estorbo y decide suspenderlas?La medida asume que el cumplimiento de la ley es un obstáculo para el crecimiento económico, cuando la fragilidad de nuestro Estado de Derecho es precisamente una de las razones por las que el país es poco competitivo a nivel internacional-y que la Ciudad lo sea con relación a otros estados.

Nos falta mucho para consolidar una cultura de la legalidad. Muchos habitantes (y ahora parece que las autoridades también) piensan que es más barato y eficaz infringir la ley que cumplirla. ¿Cómo vamos a restituir el Estado de Derecho en enero de 2010? Va a ser muy complicado que los establecimientos vuelvan a respetar una ley que el gobierno ha calificado como innecesaria.

Marcelo suma a la “tregua de verificaciones” otras acciones que, disfrazadas de medidas anti crisis, privilegian intereses muy poderosos y atentan contra la calidad de vida y el orden en esta Ciudad. El martes publicó en la Gaceta un acuerdo por el que condona a las constructoras el pago de derechos y aprovechamientos. Tan sólo en 2008 el monto de estos pagos representó en Miguel Hidalgo casi 109 millones de pesos que el Gobierno de la Ciudad debió destinar a aliviar el impacto que las construcciones tienen sobre la infraestructura de servicios, vialidades, espacio público o áreas verdes de las colonias. ¿En 2009, con qué dinero vamos a ampliar la red de drenaje o a colocar las nuevas tomas de agua que demande el crecimiento inmobiliario?

El argumento de la situación excepcional que representa la crisis es una trampa muy peligrosa. Un vendedor ambulante o un narcomenudista también generan empleos y crecimiento económico, la pregunta es ¿Cuál es el precio para la sociedad? Harían mal los empresarios si responden favorablemente a estos incentivos perversos. ¿Qué sigue? ¿Avisarle a los delincuentes que no va a haber arrestos de aquí a fin de año en apoyo a su economía?

 

¿Así, sí gana la gente?

18/03/2009

— 1:55 pm

Las elecciones internas del PRD nos demostraron que no hay nada nuevo bajo el sol azteca más allá de las campañas para limpiar su imagen, de los pactos de civilidad y de los lemas de campaña. De revolucionario y democrático al PRD sólo  le queda el nombre. Después del descalabro en la elección federal de 2006 y de una –por decir lo menos- cuestionada elección interna en 2008, este domingo el PRD se enfrentó una vez más a su peor enemigo: él mismo.

Apenas hace un mes Jesús Ortega, presidente del PRD, anunció la nueva imagen de su partido. Pidieron disculpas y lanzaron con bombo, platillo y millones de pesos una nueva campaña publicitaria. Su eslogan es “Así, sí gana la gente”. Cada spot comienza enfocando un cartel que dice “PRD, Centro de Análisis”. Se supone que, ahí, una mesa de notables discute los problemas del país. A juzgar por lo poco novedoso de sus propuestas, el análisis no es muy profundo. Todo queda en frases de discurso, que además contrastan con lo ocurrido el fin de semana en su elección interna.

La primera de ellas es que “el hambre no espera”. Preocupados por la economía familiar, los precandidatos del PRD se abocaron a repartir despensas y dinero en efectivo a lo largo y ancho de la Ciudad. La única condición para recibir estos beneficios era sacrificar un derecho ciudadano y democrático para votar por alguien que no lo es tanto. El precandidato Juan Bustos incluso utilizó abiertamente esa frase como parte de su campaña de reparto de despensas en la Delegación Gustavo A. Madero. Parece lógico que “si el hambre no espera” no se pueda perder tiempo para lucrar políticamente con ella, especialmente en tiempos de crisis.

Otra  frase interesante y que habrá que valorar es “con el PRD cero tolerancia a la impunidad”. Si la intención del Partido es ser congruente con su nueva campaña, su Comisión Nacional de Garantías no sólo tendrá mucho trabajo, sino que habrá de echar por tierra buena parte de la elección. Las denuncias ante el Ministerio Público, las boletas robadas y quemadas, la intervención de funcionarios de diversas delegaciones y del propio GDF, el secuestro de una funcionaria de casilla, el triunfo de un ex alcalde arraigado por una acusación de secuestro y una muy revolucionaria e institucional caída en el sistema de resultados preliminares marcaron una tarde de elecciones “normales” para el PRD. ¿Es en serio? ¿Así, sí gana la gente?

Lo más grave del espectáculo que da el PRD en sus elecciones internas no es la prueba de su debilitamiento institucional, sino que los “ganadores” de este ejercicio antidemocrático competirán el 5 de julio con la intención de llegar a gobernarnos. Si tribus y corrientes hicieron toda clase de trampas y pactos para quedarse con las candidaturas en la Ciudad es porque ésta representa el mayor negocio del PRD. ¿Cómo pensarán recuperar lo que invirtieron en despensas si llegan, por ejemplo, a una jefatura delegacional?, ¿con la venta de permisos de antros como el New’s Divine?, ¿protegiendo y empadronando a comerciantes ambulantes?, ¿dando empleo a todos los que operaron un ‘carrusel’ a su favor? o ¿solapando invasiones de predios? Lo más probable es que si la gente lo permite la respuesta sea “todas las anteriores”

El Día de la Mujer: ¿menos plática y más acción?

09/03/2009

— 3:46 pm

Este fin de semana se realizaron múltiples actos conmemorativos del Día Internacional de la Mujer. La oferta de eventos y de instituciones convocantes es una expresión de la diversidad de roles que desempeñamos las mujeres hoy en día y de las necesidades de política pública que eso representa para cualquier gobierno que busca ofrecer condiciones de equidad.

Con o sin festejos, en México aún prevalece un  rezago indignante. En ciudades como el DF las mujeres padecen problemas como violencia e inequidad en las oportunidades laborales. Por ejemplo, 43% de las mujeres ha recibido agresiones por parte de su pareja actual o su última pareja; la participación femenina en el mercado laboral es de sólo 41% mientras que la masculina es de 78%. Tal vez uno de los datos más escalofriantes es que en el primer bimestre de este año las violaciones en la Ciudad de México se incrementaron casi 30%, lo que representa unas cuatro violaciones todos los días.

El tema de género ha sido recurrente en muchos foros públicos, además existen muchas asociaciones civiles trabajando por los derechos de las mujeres. Creo que ya no es un problema de denuncia, sino de acción. Ya se ha construido una conciencia colectiva básica sobre las necesidades de la mujer, sin embargo, ¿qué hace falta para pasar de las palabras a los hechos?

Por ejemplo, desde hace 55 años la Constitución nos otorga el derecho de votar y ser votadas, sin embargo actualmente ¡sólo ocupamos el 2% de las presidencias municipales del país! No podemos estar satisfechas ante este resultado tan mediocre.

Este año hay elecciones. Habrá que ver cuántas mujeres son postuladas por sus partidos para ocupar cargos públicos. Sería bueno que la composición de las próximas legislaturas y gobiernos locales refleje la importancia de las mujeres en el desarrollo del país. El problema no es falta de candidatas capaces. También es necesario que el electorado evalúe sus propuestas sin poner en duda su capacidad por cuestión de género.

En mi experiencia como la única jefa delegacional electa, en la política ser mujer da más ventajas que desventajas. Cuando salimos a la calle, el trato con los ciudadanos es mucho más franco. En un trabajo de tanta cercanía con la gente hay que saber escuchar, tener la sensibilidad para ponerse en los zapatos de quien nos habla y tomar decisiones sin titubear y estoy convencida de que éstas son cualidades que tenemos las mujeres.

Garantizar igualdad de oportunidades no sólo es políticamente correcto. A la larga, una sociedad que limita el potencial de las mujeres está minando sus propias posibilidades de desarrollo. Si el 60% de las mujeres que pueden trabajar no lo hacen, México es menos productivo. Si las mujeres tienen un nivel de escolaridad bajo o si están más expuestas a la delincuencia, México es menos competitivo. Si las mujeres no participan en la toma de decisiones, México es menos democrático. ¿Lograremos que las cifras que sea diferente el próximo año?

Partido Verde: ¿Biodegradable?

03/03/2009

— 12:03 am

Hace algunos meses el Partido Verde inundó la Ciudad con una campaña a favor de la pena de muerte. En los slogans se lee “Pena de muerte para asesinos y secuestradores”. La utilidad de la pena de muerte para frenar los índices delictivos ha sido discutida ampliamente en los países en los que se ha aplicado. En Estados Unidos la tasa de homicidios por cada 100,000 habitantes es 42% más alta en los estados donde se aplica la pena de muerte que en los estados donde se aplican otro tipo de sentencias. Por otro lado, la aplicación de una pena irreversible en un país sujeto a la corrupción y con un sistema de justicia tan deficiente como el nuestro, donde ni siquiera existe un verdadero aparato de investigación criminal, ni la tecnología que lo sustente, y donde es común que se inculpe a inocentes, su aplicación parece temeraria. ¿Puede un país donde uno es culpable hasta que se demuestre lo contrario aplicar la pena de muerte? ¿Y si esa demostración llega demasiado tarde?

El debate respecto a la pena de muerte ha sido cíclico y es común que resurja siempre que hay aumentos en la inseguridad y sobre todo en la percepción de la misma. La intención de este blog no es necesariamente plantear una postura sobre ella, para hacerlo primero habría que mejorar la aplicación de justicia y saber si las penas convencionales aplicadas con rigor funcionan. Tan sólo en el Distrito Federal hay más de 15 mil órdenes de aprensión sin ejecutar.

Lo que llama nuestra atención es que sea un partido llamado “Verde” el que proponga con tantos bríos la pena de muerte. Internacionalmente este tipo de partidos están asociados a la protección de la vida en todas sus formas. Su doctrina afirma que el partido “defiende los derechos humanos como parte central de su posición en la sociedad” y pregona como uno de sus principios el amor entendido como “paz y concordia en las relaciones entre los seres vivos”. Es difícil entender ésta y tantas incongruencias del Verde. Su falta de coherencia ideológica provocó que el Partido Verde Europeo, que agrupa a 36 partidos ecologistas de diferentes países, lo desconociera por contravenir lo plasmado en la Carta de los Verdes Globales firmada en Canberra en 2001, donde se rechaza tajantemente la pena de muerte.

Es extraño pero a nadie sorprende que el mismo partido que promueve, por ejemplo, puntos de acuerdo para salvar la vida de los elefantes en Sudáfrica, por ser animales “muy carismáticos […]”, y que afirma enfático que “matar no es la solución” (al menos para los animales en otros países) pueda al mismo tiempo promover que el Estado acabe con la vida de algunas personas. Ahora el Verde va más allá e incluso ha abierto un sistema de mensajes de celular para apoyar su iniciativa. Con letras grandes sus espectaculares invitan “Decidir”… con letras pequeñas se indica un costo de casi un peso por mensaje. Extraña manera de volver a la vida a un partido que se antojaba muerto por incongruente.