De lógicas irresponsables.-
Xiuh G. Tenorio Antiga
Según el Análisis Económico del Derecho, aquéllos cuyos actos agravian a otros, provocándoles una situación que pudiera considerarse de menor bienestar, deben reparar el daño, esto independientemente si las acciones fueron con dolo o si al final el responsable de esta injusticia debió pasar un tiempo en prisión.
Se dice, en términos económicos, que existe externalidad en el consumo si la producción o el consumo de otros inciden directamente en el bienestar de un consumidor. Por ejemplo, aquellos que generan contaminantes y los desechan a un río, están provocando una externalidad negativa porque esta acción afectará el consumo de todas las personas que se benefician o que pudieran consumir el agua de ese río. En tales condiciones, un mercado no logra necesariamente una asignación eficiente y la intervención del Estado es recomendable para que los individuos puedan incluso intercambiar sus derechos a generar externalidades.
El problema se torna más complejo cuando estas lógicas de generar externalidades negativas toman como sujetos de responsabilidad a los Estados. En tal caso, ¿cómo compensar el daño ambiental por las 2,820 millones de toneladas de dióxido de carbono (CO2) que producen lo Estados Unidos de América? ¿Cómo hacerlo con los 3,120 millones de toneladas que produce China, el país que más contamina el mundo según la ONU? Esta situación se vuelve gravosa por los efectos del CO2 para el cambio climático, principalmente porque cada año éste genera inundaciones, deforestación, sequías y un alarmante aumento en el nivel del mar.
Desde hace años, la Organización de las Naciones Unidas ha promovido un compromiso global para abatir el cambio climático. Tan es así que en 1997, la ciudad de Kioto fue sede de un acuerdo firmado por 37 países industrializados y la Unión Europea para recortar sus emisiones de dióxido de carbono en una media de 5% hacia el 2012, esto tomando como año base 1990.
Sin embargo el mayor problema ha sido la reticencia de los países que más contaminan a comprometerse con la reducción de daños ambientales. China, Estados Unidos e India, países de lógicas irresponsables, no han querido hacerse cargo, siquiera de una parte, de los 100 mil millones de dólares que el Banco Mundial estima pueda necesitarse para mitigar los daños y ayudar a los países en desarrollo a adaptarse a las consecuencias del cambio climático.
Hace unos días Copenhague fue la sede de discusión entre líderes de todo el mundo para trazar una ruta crítica que suceda al Protocolo de Kyoto, cuya vigencia está concebida hasta el 2012. El escenario no pudo ser más sombrío, pues aunque Barack Obama, Presidente de los Estados Unidos, tiene una mejor disposición a contribuir en la solución del problema, esta reunión ha servido para nutrirse de acusaciones mutuas y posicionamientos que deja entrever las lógicas irresponsables de ciertos gobiernos, principalmente China, Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Bolivia y Cuba.
Los acuerdos alcanzados en la Convención de Cambio Climático de Naciones Unidas, tras 12 días de discusión, no alcanzan para mantener cierto optimismo, sobre todo por la falta de claridad:
- Se conservan los 2 grados centígrados de aumento máximo de la temperatura media de aquí al 2050. ¿Con qué medidas? No se especificó.
- A la brevedad, antes de febrero de 2010, los países industrializados convocados deben especificar sus objetivos de reducción de contaminantes para 2020. ¿Cuál es el piso mínimo? No se dijo.
- Los países ricos destinarán 30 mil millones de dólares entre 2010 y 2012 a la mitigación y adaptación del cambio climático en naciones en vías de desarrollo. A partir de 2020, la aportación subirá a 100 mil millones. ¿Cómo se lograrán estas contribuciones? No se sabe.
El próximo año la Ciudad de México será sede de la 16ª Convención de Cambio Climático de Naciones Unidas. El gran reto será superar los desacuerdos entre los principales emisores de contaminantes y concitar rutas críticas más detalladas sobre cómo conseguir los resultados esperados.
Como sede, hasta cierto punto será inevitable mostrar los fracasos de las políticas ambientales aplicadas en el país, por una deforestación que no termina y una vulnerabilidad de las especies nativas que no ha sido superada.
Al tiempo, faltará ver si no esconden la basura debajo de la alfombra, en una muestra cínica de lógicas irresponsables.