La Secretaría de Educación del DF
Xiuh Guillermo Tenorio
Dentro de los cambios que realizó Marcelo Ebrard en su gabinete en días pasados pasó desapercibido el de la Secretaría de Educación, pero no por ello, hay que ignorarlo. Axel Didriksson Takayanagui dejó de ser el titular de dicha área y en su lugar fue designado Mario Carrillo Huerta.
El tema educativo en el Distrito Federal por muchas razones es cosa seria. Actualmente, de acuerdo con la SEP federal tenemos una matrícula de 322,558 niños en preescolar, 947,979 en primaria, 482,646 en secundaria, 423,931 en media y 416,149 en superior. Más de dos millones y medio de niños y jóvenes en edad escolar es suficiente razón entender la relevancia del tema para la ciudad.
Sin embargo, el marco jurídico de la materia es complejo. Existen facultades concurrentes entre las autoridades federales y las capitalinas. Hay que recordar que hace casi 20 años se acordó descentralizar a las entidades federativas los servicios educativos, salvo en el Distrito Federal. De manera que la educación básica (preescolar, primaria y secundaria), continuaron siendo una responsabilidad de la Federación.
A pesar de no contar con facultades para intervenir en la educación básica, las autoridades capitalinas fueron desarrollando una serie de programas “sociales” (becas, útiles y uniformes, por citar algunos ejemplos) para tratar de influir en el nivel básico, además de asumir plenamente sus facultades en materia de educación media superior y superior, prueba de ello son las preparatorias que impulsó López Obrador o la creación de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México.
Consecuente de esta realidad, Marcelo Ebrard envió a la ALDF el 14 de diciembre de 2006 una iniciativa para crear cuatro nuevas secretarías, entre ellas la de Educación. Como Vicepresidente de la Comisión de Educación e integrante de la comisión dictaminadora de dicha iniciativa, apoyé decididamente la propuesta, que no contaba con el consenso por las complejidades ya abordadas. Sabía que, a pesar de que podría presentarse algún conflicto con las autoridades federales, era necesario tutelar los programas educativos del GDF con una visión formativa y no de “desarrollo social” o clientelista, más aún cuándo se había designado en esos días como titular de la SEDESO a Martí Batres, de quien guardaré un prudente silencio.
Confiaba en ese momento, en que de llegar un experto en temas educativos, podríamos mejorar lo que ya se tenía y por qué no, abrir un debate que, personalmente considero necesario, sobre la descentralización de los servicios educativos al Distrito Federal. Sin conocer más que su trayectoria confié en que Didriksson podría convertirse en esa pieza fundamental para construir acuerdos. Nada más lejos de ello.
Debo decir que con el mismo empeño que apoyé la creación de la Secretaría de Educación en el DF, luché porque se le diera mayor presupuesto en los tres paquetes económicos que aprobó la IV Legislatura y no sólo eso, el 15 de agosto del 2007, presenté una iniciativa para quitarle todas las facultades a la SEDESO en materia educativa y fortalecer aún más a la de Educación. Iniciativa aprobada por el pleno el 13 de diciembre del mismo año.
Sin embargo, Didriksson nunca entendió el papel de un Secretario de Educación. Lejos de buscar el diálogo, el acuerdo, se casó con conflicto. Buscó la ventana fácil de los medios de comunicación, de las descalificaciones. El legado de su gestión es un libro de educación sexual y tres años que nos robó.
La novedad es que Marcelo Ebrard ha dado un golpe de timón. Ha puesto en la Secretaría a un hombre probado. Sus resultados hablan por él. El programa Prepa Sí, al que cuestioné duramente al momento de su presentación ha impactado favorablemente en el sistema educativo y éste es un logro que sólo puede atribuírsele a Carillo. Ebrard nos dejó sin argumentos a quienes no veíamos con buenos ojos este programa, cuando en su último informe de Gobierno señaló que “la tasa promedio de deserción [En el Medio Superior] disminuyó dramáticamente de 18.5 a 6.5 por ciento, y en el caso del bachillerato de la UNAM, la deserción se redujo casi a cero”. Seguiré cuestionando los apoyos universales, fiel a mi formación itamita, pero he de reconocer que el impacto de este Programa es incuestionable.
Carillo tiene tres cosas a su favor: 1) conoce la materia y tiene claro el tamaño del reto, 2) tiene tres años para corregir el camino y 3) es pública su vocación de acuerdo. Su llegada a la titularidad de la Secretaría es, sin duda alguna, una buena noticia.
Bonus Track
Hablando de temas educativos en el Distrito Federal no puedo evitar mencionar a Salvador Martínez della Roca, el famoso “Pino”, Presidente de la Comisión de Educación en la ALDF. Sirvan estas líneas para reconocer su trabajo en estos tres años, donde predicó con el ejemplo, dejando su militancia partidista fuera del Recinto, para luego invitarnos a hacer lo propio, antes de sentarnos en la mesa. A lo largo de esta IV Legislatura abordé muchos temas complejos con él, incluso debatimos fuerte (particularmente, por el tema de los espacios 100% libres de humo), pero hoy sólo quiero reconocer su apertura a escucharme a mí y a los demás integrantes de la Comisión, así como resaltar sus logros, porque lo mucho que avanzamos en materia educativa en estos tres años sólo puede adjudicársele a él.